Hemos dicho que la familia es la base de la sociedad, y lo hemos plasmado en infinidad de literatura al respecto. Pero hablar de bases es hablar de tradiciones y fundamentos. Las familias de hoy no son las mismas que hace cinco, diez o quince años, por ello es importante adaptarnos a los tiempos, sin olvidar la esencia que nos ha dado cohesión.
De entrada, es notoria la importancia que tiene la mujer en la economía familiar. Mujeres ejecutivas, empresarias, maestras, y un sinnúmero de actividades son de los principales cambios. Aún hace 15 años, se estimaba que solo el 23 por ciento de la población femenina en edad económicamente activa realizaban alguna labor remunerada, y el resto estaban a cargo del hogar, con especial atención en la crianza de los niños. Hoy están prácticamente al parejo que los hombres, y en algunas zonas del país incluso los superan.
Hoy, es importante analizar la dinámica familiar para brindar mayor protección a la niñez. Es tiempo de estar al pendiente de lo que les gusta, sus aspiraciones, sus filias y fobias, respetando sus derechos pero con la firmeza de que son precisamente los padres las personas responsables de esos ciudadanos en crecimiento.
Supervisar no es invadir; corregir no es falta de amor. En un ambiente de amor y diálogo, las diferencias nos pueden llevar a un punto de mayor unión, armonía y entendimiento.
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